Obras Maestras De Arte Contemporáneo Sobre Dinero Y Los Mercados De Valores

 

Hace algunos años, cuando reinaba la exuberancia irracional, la apertura de un hermoso museo dedicado a la historia y la celebración de dinero podría haber parecido un poco vulgar, en tiempos de entusiasmo y de la abundancia, la celebración es muy importante, pero ante el contexto de crisis que sufre el sistema capitalista y que afecta a casi todos los países del orbe, sólo el mercado de arte contemporáneo, así como el de los objetos de lujo, sigue respirando con cierta vitalidad, un arte que a pesar de la buena voluntad o intenciones de los artistas que lo ejecutan, desde su concepción nace muerto, a menos que tenga alguna repercusión más allá de la bolsa de valores particular que rige ese mercado.

El capitalismo es a menudo confundida con la producción, circulación y consumo de bienes, ya sea bienes materiales o servicios, desde el final de la guerra, llamada la sociedad de consumo, o la falsa conciencia de la felicidad material que oculta las "verdades" de la distribución de la riqueza en la sociedad, se ha vuelto tan central en la crítica del capitalismo que ahora es casi imposible distinguir entre ellos.

A pesar de la recesión y la apretada situación financiera, en una encuesta de artes y antigüedades se ha encontrado que las subastas de arte contemporáneo han incrementado en el segundo trimestre de 2011, y al parecer el capitalismo se adueña de este arte pese a que incrementa su consumo (compradores) en un puro interés estético de las obras contemporáneas, al verse estas obras como una inversión financiera.

Es importante que tenga en mente los problemas posibles con el arte como una inversión, el mercado es relativamente ilíquido y más variable que el mercado de valores, puede ser algo seguro de que si compra acciones de IBM hoy, le venden al 1% de su precio de compra mañana, mas no es así con el arte.

Encontrar un comprador dispuesto a pagar su precio es siempre un problema, además existen ineficiencias en el mercado del arte, todo el mundo puede estar en desacuerdo con el arte contemporáneo, las preferencias personales entran en juego y las variaciones sutiles en la obra de un artista puede significar grandes diferencias en los precios.

Estamos ante un sistema político-económico del que el arte contemporáneo forma parte, un sistema que es consciente de que no le queda mucho tiempo de existencia, aunque se niegue a reconocerlo, siendo su principal motor el lavado de dinero, la creación y la supervivencia en economías, como si el arte contemporáneo fluyera en la narco-economía y no precisamente tiene que ver con trafico ilegal de sustancias prohibidas, sino con aquel flujo económico capaz de crear un sistema que escapa a la lógica.

Es posible que la espectacularización desmedida del arte contemporáneo esté tocando a su fin, con presupuestos cada más exiguos para aspectos relacionados con la cultura, aquellos que aportan dividendos al valor de marca de la ciudad organizando grandes eventos en los que el arte contemporáneo tenga un papel preponderante, que poco tiene que ver con formas de consumo capitalista.

En un momento de incertidumbre, el dólar se hunde, los prestamistas se van a pique, y el Banco de Reserva Federal rápidamente tuerce su marca, el dinero se vuelve más desconcertante e impredecible, exigiendo un mayor escrutinio y donde la variabilidad en la condición del arte es también un factor importante que afecta el precio y su valor, además, los precios del arte están vinculados a los gustos y la moda, que puede cambiar muy rápidamente, como en estos momentos la práctica de aquella parte de los artistas contemporáneos comprometidos con la realidad social, el presente de la humanidad, toma otros rumbos y se vuelca, hacia la crítica social y a hacer evidentes los despropósitos de la clase política, el aspecto cultural de cada país, los desmanes e injusticias provocadas por el sistema capitalista en fase terminal.